11 nov. 2017

Altas Capacidades (IV): cerebro y cognición


Como hemos dicho en entradas anteriores, el estudio del funcionamiento cognitivo del cerebro se ha centrado, fundamentalmente, en los déficits, ya sea por anomalías en el neurodesarrollo o por daño cerebral adquirido, dejando las altas capacidades en un plano mucho menos representado en la investigación. Además, en los escasos textos que hay al respecto, no se tienen en cuenta los modelos teóricos del desarrollo del talento que hemos expuesto en otras entradas del blog, centrándose más en el estudio de la inteligencia desde el punto de vista psicométrico.

Las altas capacidades intelectuales se han relacionado con una serie de características cerebrales tanto desde el punto de vista neuroanatómico como funcional (citoarquitectura, interconectividad, densidad y distribución del tejido neuronal). Dichas características son, en parte, heredadas y, en parte, producto de los efectos del ambiente.

Se estima el peso de la herencia entre un 0,47 y un 0,80 de correlación. Así, se han encontrado en estudios genéticos relación entre las altas capacidades y los cromosomas 2 (región 2q) y el 6 (región 6p), destacando el gen Neuritin 1, relacionado con el desarrollo y plasticidad a largo plazo del sistema nervioso. El cerebro de los niños con alta capacidad se desarrolla según un patrón distinto del de aquellos que poseen una inteligencia normal. En el proceso de maduración cerebral, se han demostrado las siguientes diferencias estructurales:

  • un mayor tamaño del cerebro, con mayor cantidad de sustancia blanca y sustancia gris, especialmente en las cortezas frontal y parietal y, en menor medida, en la temporal, en concreto, en el hipocampo (estos datos coinciden con la hipótesis de la integración parieto-frontal de la inteligencia de Haier).
  • mayor arborización dendrítica, más axones mielinizados y mayor cantidad de sinapsis, dándose especialmente en los lóbulos frontales a una edad más temprana de lo habitual.
  • mayor densidad de sustancia gris en la corteza orbitofrontal, el cingulado, el cerebelo y el tálamo, así como una menor densidad de sustancia gris en el núcleo caudado.
  • mayor densidad de sustancia blanca, reflejada en una robusta interconectividad interhemisférica (cuerpo calloso), e interáreas, especialmente frontoparietales y frontocerebelosas.
  • mayor plasticidad cerebral.
Por otro lado, según la hipótesis de la eficiencia neuronal, los cerebros brillantes consumen menos energía y llevan a cabo una ejecución más eficaz durante la resolución de tareas cognitivas, siendo además más localizada, empleando un menor número de circuitos cerebrales, activándose solamente aquellos que son estrictamente necesarios, e inhibiendo los irrelevantes, para la realización de una tarea. Este menor consumo de energía (menor consumo metabólico cortical y una actividad más amplia en la banda alfa en distintos momentos de la tarea) se produce especialmente en tareas de dificultad media o baja. El consumo de energía aumenta, sin embargo, cuando la dificultad de la tarea es alta, fundamentalmente, en la corteza prefrontal lateral, el cingulado anterior y el parietal posterior. Cuando las dificultades se complican parece que las personas más capaces están mejor equipadas para incrementar el esfuerzo cortical que las personas con menos capacidades. Esto se ha relacionado con una mayor carga o reclutamiento de las funciones ejecutivas y la memoria de trabajo. La disminución de la actividad cerebral que se produce como consecuencia del aprendizaje y el perfeccionamiento de las conexiones neuronales que sustentan las funciones cognitivas es más acusado en las personas más capaces. Además, las personas más dotadas cognitivamente muestran una mayor velocidad de procesamiento, menores tiempos de reacción, como reflejo de una mejor conectividad. 

Como ya hemos mencionado antes, se ha encontrado una fuerte activación de la red fronto-parietal que se da en los cerebros excepcionales, durante tareas de razonamiento, particularmente en la corteza parietal posterior, demostrando una vez más, que dichas localizaciones podrían ser los correlatos neuronales de la inteligencia superior. Los sujetos de inteligencia superior, utilizarían menos zonas no específicas y distribuyen mejor los recursos cognitivos necesarios. En los cerebros superdotados tiene lugar una menor actividad cortical, mayor procesamiento en el hemisferio izquierdo, presentan una actividad más específica y simultánea de las redes selectivamente activadas y una mayor eficiencia que podría relacionarse con una mayor mielinización neuronal, luego una mayor velocidad de conducción neuronal.

En resumen, los cerebros en la alta capacidad muestran patrones de activación especializada, inhibiendo los recursos que no son necesarios, con una robusta interconexión entre áreas cerebrales, lo que conlleva una mayor efectividad en transmisión de información, relacionando la actividad de las áreas cerebrales frontales y parietales, puesto que son las encargadas del funcionamiento ejecutivo de alto nivel.



Características neuropsicológicas

Los niños más capaces exhiben unas características diferenciales desde una edad muy temprana, lo que nos dará pistas en su observación y seguimiento para su detección precoz. Las características más relevantes del funcionamiento cognitivo de alto nivel en la alta capacidad consisten en la precocidad, profundidad y complejidad, rapidez y eficacia, mayor comprensión, estilo abstracto, predilección por el pensamiento creativo y establecimiento de conexiones inusuales. Ponerlas en funcionamiento con eficacia requiere de una regulación metacognitiva, y el papel de las funciones ejecutivas para gestionar con eficacia los recursos cognitivos y personales.

Algunas de las características a observar son las siguientes:

Percepción: Desde edades muy tempranas se observa una percepción sensorial muy aguda de los cinco sentidos, con una especial sensibilidad a todos los estímulos del entorno (visuales, auditivos u olfatorios), y alto estado de alerta. Se puede encontrar entre estos niños oído absoluto o sinestesias.

Motricidad: Adquisición de los hitos motores uno o dos meses antes que la media. Se pierden los reflejos motores antes, así como se adquiere anticipadamente la coordinación. Se observan disincronías entre los aspectos cognitivos y motores en edades posteriores, pudiendo ser la causa a que se le da preferencia a la estimulación cognitiva sobre la física por parte de las familias y el entorno. A nivel práxico también se muestran superiores al resto.

Lenguaje: Aparición precoz del lenguaje, pudiendo emitir frases de dos palabras sobre los 18 meses, así como emitir un lenguaje maduro, con tiempos verbales correctos y vocabulario amplio y preciso. Sobre los 28 meses pueden divertirse aclarando y explicando el significado de las palabras con sinónimos, antónimos y, algo después, con analogías y neologismos. A los 30 meses utilizan correctamente el pronombre personal yo, un buen uso de conceptos espaciales (dentro/fuera, encima/debajo) y temporales (rápido/despacio, ayer/mañana). En el lenguaje escrito identifican espontáneamente letras y figuras sobre los 24 meses, y comienzan a escribir de forma natural a los 34 meses. Entre los 30 y los 46 meses establecen la lateralidad manual, preferentemente derecha.

Memoria: El aprendizaje, el recuerdo a corto y a largo plazo, y el reconocimiento de los conocimientos adquiridos son excelentes desde temprana edad, tanto con material visual como verbal.

Atención: elevada velocidad de procesamiento y gran capacidad atencional en la detección y selección de estímulos relevantes y en el control de las interferencias.

Funciones ejecutivas: Gran capacidad en la memoria de trabajo (mantener, manipular y actualizar de forma efectiva la información), base para el funcionamiento cognitivo convergente y divergente. Alto funcionamiento en inhibición y flexibilidad cognitiva, base en el pensamiento divergente. Alta capacidad en abstracción, razonamiento lógico, categorización, planificación, flexibilidad cognitiva y resolución de problemas. Importante capacidad en el pensamiento deductivo e inductivo, reflejado en la habilidad para adaptar y transferir métodos de resolución de problemas a situaciones novedosas o desconocidas. Exhiben un alto rendimiento en tareas de fluidez verbal y no verbal (fluidez de diseños), tareas de asociación de conceptos, analogías o adivinanzas. Gran imaginación y curiosidad por aprender.

Cognición social: Gran capacidad crítica y autocrítica desde edades tempranas (3 o 4 años), dando la imagen de impertinentes en sus comentarios. Adecuada teoría de la mente, alta moralidad, gran sentido del humor y empatía. Aún así, les cuesta relacionarse con los iguales de su edad, pudiendo quedarse aislados, por tener poca paciencia con la lentitud o torpeza de los demás, pudiendo exhibir cierto aire de superioridad, además de falta de interés, desmotivación y ciertos rasgos narcisistas.


Para saber más y mejor:

  • De la Cruz Sánchez A.I. y Tirapu, J. (2011). El cerebro del superdotado. Psicologia.com. (+)
  • Hilger, K.; Ekman, M; Fiebach, C.J. y Basten, U. (2017) Intelligence is associated with the modular structure of intrinsic brain networks. Nature. Scientific Reports, 7: 16088 (+)
  • Rodríguez, C. y Triviño, M. (2015) Niños superdotados ¿Excelentes o deficientes en el aula? En M. Arnedo; J. Bembibre; A. Montes y M. Triviño (Coord.) Neuropsicología infantil. A través de casos clínicos. Madrid: Panamericana. pp. 457-473.
  • Sastre-Riva, S. y Vlana-Sáenz, L. (2016) Funciones ejecutivas y alta capacidad intelectual. Revista de neurología, 62 (Supl. 1), S65-S71. (+)


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